
Ahora que Sturgis 2026 es ya el pasado, y después de hacer un balance mental sobre lo que ha dado de sí, no quería dejar pasar la oportunidad de comentar mis impresiones sobre esta concentración, rally o quedada (KDD).
¿Os gustan las reuniones moteras? En general, a mí no. No me atrae nada, en principio, acudir a un lugar que va a estar lleno de motos, por lo que normalmente va a ser más difícil hacer la misma ruta que podría haber hecho cualquier otro día excepto, precisamente, el día de la concentración. Hay excepciones, y entre ellas puede estar que la concentración permita rodar por zonas que normalmente estén vetadas para el tránsito público.
Entonces, ¿qué me atrae de una concentración? Pues sobre todo las personas, claro, pero con matices.
Me gusta ir a una concentración cuando voy a tener la oportunidad de conocer moteros, hablar de experiencias en moto y, en general, compartir la afición que tenemos. Pero esto puede llegar a ser muy peligroso si no se hace de forma ordenada.
Lo primero es el respeto. Respeto a los demás, respeto a la propiedad, bien sea al lugar que nos acoge, a los medios que la organización pone a nuestra disposición y, como no, a la propiedad de todos los asistentes, a sus motos.
No me identifico con todas las personas que conducen una moto solo por el hecho de que yo también conduzco una moto. Tenemos un punto de partida común, sí, una excusa para entablar una conversación, una complicidad que solo algunos entendemos, una afinidad por las dos ruedas, pero eso puede ser todo lo que compartamos, y en este caso hay que saber cuándo dar las gracias y retirarse.
Desgraciadamente, muchas concentraciones están llenas de estereotipos como el alcohol, las chicas, la fanfarronería, los moto clubes (M/C) de malotes, las castas de marcas y otras cosas similares que seguro habréis visto tantas o más veces que yo.
Y Sturgis no ha sido diferente en estos aspectos. Es a la vez un escaparate y un auténtico carnaval, con multitud de mujeres que montan en moto, como conductoras o acompañantes con muy poca ropa, o ninguna de cintura para arriba. O lavados de motos de chicas en bikini. También el alcohol es seña de identidad aquí, con demasiados casos, según las estadísticas, de conductores que dan positivo en tests de alcoholemia. Quizá en el pasado esto fuese aceptable, pero en el año 2026 me parece innecesario e inapropiado. Me apunté al grupo oficial de Facebook del Rally, pero no había más que comentarios y fotos de mal gusto, cuando no de dudosa legalidad.
Lo segundo que hay que llevar a una concentración son las ganas de rodar, no sé si a esto le podría llamar la actitud. No concibo ir a una concentración en la que al llegar aparcas la moto y no la vuelves a tocar hasta el día que te vas. En este aspecto, Sturgis ha sido extraordinariamente positivo, ya que situación en las Black Hills da para muchos días de carreteras increíbles, con paisajes, monumentos, parques naturales y, sobre todo, muchas curvas sobre buen asfalto.
Un amigo mío me comentó hace tiempo que había asistido a una concentración donde al llegar se aparcaba la moto, se ponía uno en chanclas y bañador todo el fin de semana, ¡y ya está! Esta concentración no es de las mías, sin duda.
Lo tercero que hay que llevar a una concentración, son las ganas de compartir algo con los demás, que por cierto, también forma para de la actitud. Para mí, no tiene sentido concentrarse con nadie si no piensas en compartir algo con ellos (volvemos aquí al tema del respeto). De otra forma, lo que se crean son estas concentraciones de grupos cerrados, en los que es más difícil interactuar. Digo yo, si vas a una fiesta, trata de abrirte a la fiesta, y no te montes tu fiesta privada dentro de la fiesta de otro. Y Sturgis me ha dado la oportunidad de conocer un montón de gente, en el propio Rally, en el hotel en el que nos alojamos, en las distintas rutas que hicimos durante los tres días que estuvimos allí. Y esto mereció la pena.
Si alguien me preguntase si volveré a Sturgis el año que viene la respuesta sería que no. Ha estado bien, sí, pero está demasiado lejos para repetir la experiencia, sobre todo compaginándolo con los días libres que se necesitan para hacerlo de una forma medianamente aceptable. En mi caso, han sido casi 9 días y 6.500 kilómetros, ¡pero 5.000 enlatado!
Mi concentración ideal es una concentración pequeña en la que conozco a la mayoría de los asistentes, mezclamos a partes iguales las conversaciones y las rodadas, y compartimos valores, desafíos y proyectos vitales. ¡Vaya!, creo que acabo de fundar mi propio M/C 😂


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