
Creo que ya sabréis con quien salí de ruta el pasado domingo. Pues sí, nada menos que con mi amigo Gulli, un incondicional de la moto, un tipo con pocos o ningún prejuicio que siempre sabe estar y que nunca rehusa un buen plan, si está en su mano. Y me quedo con una respuesta que me dio varias veces durante la ruta, cuando por una cosa u otra yo no veía claro se podíamos, o debíamos, seguir adelante: “Si tú vas, yo te sigo”. Simplemente genial.

Comenzamos la salida con un desayuno en La Barca de la Florida, un punto de paso, o waypoint, de la ruta naranja, la primera de la foto. Con un café y una tostada se planea mejor la jornada, ¡dónde va a parar! Sabíamos, o mejor dicho, nos temíamos que íbamos a tener que desviarnos en muchos puntos por imposibilidad de seguir el track, y así resultó en la práctica.

Comenzamos con muchas ganas y fuerzas, estas últimas flaquearían al final de la jornada, y acometimos rápidamente las primeras rampas trialeras, que no traileras, en las que nos pusimos a prueba desde el principio, porque, ¿a dónde van dos tipos con motos de más de 200kg, con más de 30 grados y por trazados que no han sido explorados antes?

Y es que uno de los inconvenientes de Wikiloc es que normalmente no sabes si el fulano que ha subido la ruta la ha hecho realmente o solo la ha planeado en una pantalla. Un truco que suele funcionar suele ser tratar de averiguar con qué moto la ha hecho, en qué época, y confiar más en aquellos de los que ya hayas hecho rutas previas. Nuestra ruta del domingo, que eran tres rutas unidas, era un poco de todo.

Pues subiendo rampas pedregosas y muy rotas, quizá un poco más apurados de lo que hubiésemos preferido, llegamos a un mirador con unas vistas espectaculares de los pantanos de la zona. Pantanos que están sorprendentemente llenos, después de la buena pluviometría del pasado invierno y primavera.

El calor empezaba a apretar, y no eran más de las 10.00, cuando tomamos estas fotos en una zona acotada de la que tuvimos que salir abriendo una alambrada. Sin embargo, llegamos hasta allí sin ningún aviso ni prohibición, por lo que se ve que usamos una desafiante puerta de atrás que no parecía muy accesible.

Qué es mejor, ¿subir o bajar? Pues no sé yo, pero en el caso de arriba nos las vimos y deseamos cuando decidimos encarar una bajada de gran desnivel, quizá del 25 o 30 por ciento, y las motos se deslizaban sobre los guijarros con los frenos anclados, y con poco o nada control direccional.

Las fotos no permiten apreciar bien la pendiente, pero era mucha y los indios hacían lo que podían.

Pero, ¿hubo caídas? Pues como no las iba a haber cuando dos domingueros se proponen seguir siempre adelante. Cada uno se llevó la suya propia, aunque sin novedad en personal ni material. Ambas fueron a muy baja velocidad, y ambas en tramos de arena pura. ¡Cómo pesan estas motos! Una un poco más que la otra, pero ninguna está en los deseables 100-110 kg.

Y entre polvo, sudor y alguna lágrima que otra (sobre todo por el polvo y el sudor en los ojos) llegamos a Setenil de las Bodegas. Por cierto, todo el pueblo está lleno de prohibiciones de circulación, por lo que es un tanto laberíntico salir de él. Yo creo que el Ayuntamiento lo hace a posta, para que te quedes y consumas, sobre todo que consumas tu paciencia con 35 graditos a la sombra, intentado ser cívico.

Entre unas cosas y otras, y si el calor no me ha emborronado la memoria, llegamos a Montecorto, a eso de las 15.00, y decidimos comer algo.

Y en una zona de Sierra, en la provincia de Málaga, ambos apostamos por un plato de mar, para poder así llevar mejor la tarde, o no.

Durante el yantar, y dado que no estábamos ni a mitad de ruta, discutimos sobre qué hacer con el resto de la ruta, pero dado que ambos teníamos franco de paseo firmado hasta el ocaso, decidimos seguir adelante con el plan.

Algún vadeo hubo, pero no fueron el Amazonas ni el Nilo, afortunadamente, y alguien que no fui yo aprovechó estos riachuelos para mojarse bien la camiseta, que la temperatura seguía apretando bien.

Estábamos ya relativamente cerca de Ronda, y el trazado me resultaba familiar de cuando había hecho los 101 de Ronda en bici, unos años atrás.

Y mis peores temores se materializaron unos pocos kilómetros más adelante, en una zona baja de paso de algún riachuelo que aún iba con agua.

No hubo nada que hacer. Quizá podríamos haber bajado las motos al río, pero era más profundo y pedregoso de lo que se aprecia en la foto, y los dos coincidimos en que era final de ruta, al menos por aquí.

Nos dimos la vuelta, improvisando sobre el mapa y la imagen satélite de la zona, pero al ser muy montañosa no había opciones. Nos pareció ver una posible ruta sobre la imagen satélite, atravesando un olivar y circunnavegando una finca, pero no hubo forma.

La foto no estaba actualizada, y el olivar estaba siendo arrancado, y el terreno seco y arado era impracticable.

Aún si lo hubiésemos intentado, las zonas de paso se habían cerrado con alambradas nuevas que nos impedían progresar.

Así que dada la hora que era ya, y que no encontrábamos un paso franco decidimos emprender el regreso por lo negro. Aún paramos un par de veces más, para hidratarnos, antes de llegar a casa, donde después de casi catorce horas de moto y monte, y casi 400km, nos dimos la novedad de arribada y nos entablamos a una nueva misión en el futuro.


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