Hoy publico a final de ruta, y no al día siguiente, porque mañana es lunes, el trabajo aprieta (yo creo que, con el permiso de Galdós, a veces, ahoga un poco) y no quiero dejar de contar lo que ha dado de sí el fin de semana. Y quiero finalizar el viaje con este leitmotiv cántabro que tanto me gusta y que tan embobado me tiene: Cantabria infinita. Y Asturias, y Galicia, y el País Vasco…..

Y todos los días empiezan igual, repostando en una gasolinera para afrontar la primera etapa de la jornada.

Me gusta el mal tiempo, no se lo digáis a nadie, pero me permite salir en moto sin la masificación esperada de estas fechas. Es lo mismo en Marruecos, en España o en Noruega: si se prevé mal tiempo los turistas no salen, no salimos, y eso es una bendición porque tengo todos los sitios para mí solo. Soy un egoísta de la carretera, no quiero encontrarme con otros como yo, con otros que disfrutan de la moto y que, como yo, masificamos pueblos, rutas y paisajes, y por eso prefiero que el tiempo sea malo y amenace con llover, o mejor aún, con diluviar, y solo entonces encuentro el goce más absoluto, pesadilla de restauradores y empresarios, que me hace encontrarme a gusto en los sitios. ¿Seré raro?, me temo que la respuesta es que sí, pero no me importa, en mi moto soy egoísta y quiero ser el único que mancha los bodegones que me encuentro.


Si paro a tomar un café quiero ser el único turista, si paro a conocer una aldea quiero ser el único que sobra en la foto. Creo que es enfermizo pero así lo siento.

Hoy he terminado mi ruta por Cantabria, Cantabria Infinita, y ya me muero de ganas por volver. Y me suele pasar siempre, sin importar si es Marruecos, España, EE.UU o Europa, siempre quiero más.

Para finalizar, quiero decir que la moto me ha encantado: le faltan 30 CV, le sobran 50 kg, pero me encanta. Supongo que la R18 es su evolución, pero quiero disfrutar este binomio: KTM 890 Adv R y BMW R1200 CLC. Y el que no me entienda es porque realmente no le gustan las motos. He dicho.


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