Teníamos que ponernos al dia: Yo, para conocer los detalles de su último viaje por Portugal y, él, para conocer los detalles de mi último viaje por Marruecos. Así que decidimos quedar para desayunar en algún lugar tranquilo, y que mejor sitio que el mesón O Pote, un rincón gallego en El Puerto.

Fuimos con las motos, porque los dos teníamos novedades que enseñar y comentar. Curiosamente, ambos nos hemos pasado a las tabletas para la navegación. En mi caso llevo la T865 de DMD y él lleva una Fossibot DT2

Ambas tienen sus pros y contras, pero reconozco que la Fossibot es mejor elección en conjunto, salvo que el tamaño, que es un punto a favor, y el anclaje, que es un punto en contra, no la hacen apta para lo que yo buscaba en la torre de mi KTM 890 Adv R.

Las motos también son bastantes diferentes, una trail media y una trail pesada, pero él tiene unas llantas con ruedas de tacos que hacen que la Triumph se defiende muy bien por lo marrón. ¡Claro!, el indio ayuda bastante (no sé si sabéis el dicho ese que dice que «no es la flecha sino el indio», ja, ja, ja.

El viaje que acabo de finalizar se lo debo, en parte, a Gulli, quien allá por Semana Santa me tanteó para irnos a Marruecos, pero yo no podía y él optó por Portugal. Gulli es uno de esos tipos con los que da gusto rodar, por lo negro o por lo marrón, y una de las pocas personas con moto que conozco con las que me iría a Marruecos sin pensarlo. Punto.
Después de habernos contado las cosas más reseñables de nuestros respectivos viajes llegó la hora de despedirse y regresar a casa, pero Gulli tenía una sorpresa, y es que quería enseñarme un método para levantar la moto si te encuentras solo en mitad del campo, ¡o del desierto!
Así que me dijo: vamos a algún sitio donde podamos tirar las motos. Y yo le dije: Tú estás loco, yo no tiro mi moto voluntariamente, que ya me llega cuando se me cae sin querer. Él se rió, y me dijo: sígueme.
Y nos fuimos a buscar algún sitio, tipo duna con vegetación, que encontramos fácilmente en el aparcamiento de una playa cercana. Y así pasó:

Dejó reposar la moto en el suelo, fingiendo una caída, para ponernos en materia.
Yo me esperaba una nueva técnica de levantamiento recién llegada del Tíbet, en la que usar algunos de esos músculos que ni sabemos que tenemos, pero no fue así.

Se quitó el casco, los guantes y la cazadora y se preparó para el levantamiento.

Sacó una bolsa negra de la maleta y empezó a montar algo parecido a una muleta, aunque más resistente, con una cincha de nailon y un mecanismo de carraca, de esos que se usan para tensar.

Después, lo acercó a la moto «accidentada» haciéndolo firme a un punto significativo de la moto, como el manillar o el chasis, y empezó a tensar la cincha con una mano, sosteniendo el «cangallo» con la otra 😂😂. Y es que el invento, es tan disruptivo como eficaz.

Poco más de 5 minutos desde que la caída «fake» se había producido y la moto ya estaba de nuevo de posición vertical, sin haber recibido ayuda de nadie ni haberse dejado la espalda en el intento.

La marca, modelo, precio y características son fácilmente buscables en la Red (en la primera foto, aparece la bolsa del cangallo con la marca estampada).

Reconozco que el invento es bueno si vas solo y no puedes pedir ayuda para levantar la moto. Muy bien me hubiese venido hace unas semanas.
Se hacía tarde y tenía que llegar a casa, así que nos despedimos y nos emplazamos para seguir pensando en una próxima salida por lo marrón.


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