A pesar de que me ha gustado mucho y lo he disfrutado con ganas, me ha sabido a poco. Se lo escribía así a Pachi en respuesta a su comentario, y es que una semana da para solo tres días en el Atlas o más al sur.

Ayer no hubo ni garaje ni salón para la naranja, pero por lo menos tuvo la protección de una valla metálica. La verdad es que se ha portado de forma excelente, pero de eso ya hablaré en otro blog sobre mis sensaciones con ella en las rutas que he hecho hasta ahora. Por cierto, que ayer hizo sus primeros 10.000 km.

Lo de hoy, en Marruecos, solo han sido 125km de aburrovía de peaje para llegar a tiempo de embarcarme en el ferry de las 12.00. Salí de Larache a las 08.00 y a las 09.30 ya estaba en la taquilla de Balearia, ya que tenía billetes para mañana y los tenía que cambiar. Me alegré de que el ferry ya estuviese atracado y, una vez pasado el control de billetes (primera parada), el control de pasaportes (segunda parada), el escáner de rayos X del vehículo (tercera parada) y el control de drogas con los perros (cuarta parada), me dirigí al muelle para embarcar, donde me encontré una pequeña sorpresa.


El equipo de Grand Tour embarcando un Porsche, un Jaguar y un Maserati, además de los vehículos de apoyo. No vi a nadie conocido, me da a mí que van en avión.

Una vez a bordo, me fui a la cafetería a desayunar, ya que todavía estaba en ayunas y ya pasaban de las 11.00.

A las 12.10, las 13.10 en España salimos de Tanger Med, y viendo quedarse atrás Marruecos me dije que tenía que volver otra vez, pero con más tiempo para hacer un poco de todo.

El barco iba bastante vacío, y con solo dos motos, una GSA de un madrileño, Jaime, y mi 890 Adv R.

Llegando a Algeciras, cuando el ferry abría la rampa de proa le pedí a Jaime que me hiciese una foto, que bien pocas tengo en las que esté yo.

Viendo bajar la rampa pensaba que ya podría ser Marruecos, de nuevo, lo que apareciese, pero no, llegaba a España. Los controles de frontera españoles son mucho más rápidos y sencillos, no me preguntéis por qué.

Decidí volver por carreteras en lugar de por autovía, y una parada obligada es el Mirador del Estrecho, entre Algeciras y Tarifa. En los días de buena visibilidad, como era hoy, se ve África perfectamente.

El resto del viaje transcurrió sin novedad, ruteando mientras recordaba los días que dejaba ya atrás, no sin cierta rabia. Al final, tuve que tomar la autovía para los kilómetros finales.

Resumiendo el viaje, he de decir que me ha gustado más que el anterior de Navidad pero que me ha sabido a poco, o que me esperaba un poco más. No haber podido llegar al Lago Iriki me ha dejado fastidiado y sigo dándole vueltas a si debí haberlo intentado. El cuarto día, cuando me peleaba con la arena y las piedras, vi pasar una DR350 o DR400 amarilla y una 690 Enduro. Iban muy ligeras, por decirlo de forma fina, vestidos de motocross, con collarín y camelbag pero sin equipaje. A las pocas horas, las vi repostando gasolina en una pick-up a la sombra de un árbol mientras se comían unos buenos trozos de melón. Paré a decir hola, ya que eran los únicos seres humanos en kilómetros a la redonda, y me ofrecieron gasolina y melón, pero decliné la invitación agradeciéndola. Me dijeron que hacían, más o menos, la misma ruta que yo pero con el apoyo de este vehículo marroquí, que les esperaba cada ciertos kilómetros, y con quienes tenían cobertura por teléfono satélite en caso de avería o accidente. ¡Caramba!, jugaban en otra liga. Y yo, con una moto de 210 kilos, un bigardo pertrechado de otros 100kg, y un equipaje de 35 kg. No sé, tuve la sensación de que no debía estar allí. Si volviese a intentarlo por la misma ruta tendría que ser con otra moto más ligera, algo que descarto, o con el apoyo de un vehículo, pero sin equipaje. Mi moto no es ligera, y con ese peso extra hasta me costaba remar en primera para sacarla de la arena, cuando la prudencia me hacía bajar la velocidad y me quedaba enganchado. Me caí 3 veces, y salvé otras tantas, en los dos días, y eso suponía dejar la moto tumbada un buen rato para quitarme yo toda la ropa, y después liberar la moto de todo su equipaje. Solo entonces me atrevía a intentar levantarla, pero la primera caída del segundo día me pasé casi media hora parado porque era incapaz de levantarla. Había quedado a más de 90 grados de inclinación, medio desaparecida bajo el fech fech y después de dos intentos fallidos reponía fuerzas mientras barajaba mis posibilidades.
Ya había empezado a girarla arrastrándola cuando descubrí un agujero en el fech fech que me sirvió para meterme yo (era una rodera seca) en él y ganar unos centímetros más para poder tirar de piernas y no de espalda. A partir de aquí, el viaje cambió.

Hablando en kilómetros, han sido casi 3.000 en total, y unas 50 horas de moto en 6 días escasos. Hablando en sensaciones, ha habido 2 días increíbles en los que he experimentado cosas que no había sentido antes. Ya estoy haciendo números para la próxima vez, pero me temo que será dentro de bastante tiempo, si es que ocurre.


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