Rissani-Tagounite, ese era el objetivo de hoy. Apenas 250 kilómetros, pero me han parecido 500. La velocidad media ha sido de 35km/h, y con las paradas para descansar y beber han sido 9 horas de moto

Lo primero, comprar un par de botellas de agua porque hoy había entre pocas y ninguna parada intermedia y el desierto da sed. ¡Vaya obviedad! También reposté la moto hasta que se salió la gasolina, que la etapa de hoy es difícil


El paisaje de hoy mucho más color arena que ayer. Y el primer sitio a ver era, de nuevo, la cárcel portuguesa o en árabe Gara Medouar (que no tiene nada que ver con el uso que le fue dado sino con el enclave geológico)


Desde aquí ya me fui hacia el sur y me paré a los pocos kilómetros en unas rocas que contienen fósiles



El dia transcurrió entre pistas de arena y rocas. Desde arena dura y rápida hasta trampas de arena. Y desde rocas pequeñas que hacían que la moto traccionase mejor hasta rocas como puños de grandes que hacían casi imposible avanzar en primera marcha


En ocasiones la pista era la salvación, pero en otras era la muerte, por lo que había que abrir una pista nueva paralela a la ya hecha. Esa era buena para los 4×4, pero peligrosa para las moto que, por cierto, ni una vi en todo el dia


En la foto de arriba se ve mi moto, allá a lo lejos. ¿Por qué? Porque acababa de salir de una trampa de arena en la que tuve que empujar la moto con una marcha metida para sacarla de la arena, y una vez fuera no veía el camino, había otros pero no el mio, que había sido borrado por el viento y la arena. Me alejé hasta una pequeña elevación y conseguí encontrar el rastro.
Paré muy a menudo a beber porque la conducción, el pilotaje, que se dice ahora, era demandante, en una mezcla de ir sentado y de pie continuamente, bien asido al manillar pero dejando que la rueda fluyese, que encontrase su línea (dentro de un orden, claro). Si iba muy despacio me quedaba enganchado en la arena pero si iba rápido me arriesgaba a caerme y hacerme daño; así que me pasé el día gestionando velocidad, tracción y estabilidad. Salvo en las rocas grandes, donde parecía un funanbulista

Además de las numerosas hamadas me encontré con un lago seco de superficie cuarteada y clara, yo diría que salada. Y en la foto se puede ver la tormenta de polvo que, por suerte, no me atrapo: LC8 y gas!!!!

A medio camino, reventado por la arena, paré a descansar y un chico me invitó a un té: me encanta el té marroquí

El dia estaba siendo demasiado intenso, así que decidí parar más a menudo para hidratarme

Curioso hito, en mitad de ninguna parte.
También pasé tres controles de policía, ya que la frontera con Argelia no está tan lejos


Arriba, una de las zonas de piedras más duras en una de mis muchas paradas

Llegando a Tagounite, dejé de seguir los GPX y me busqué un sitio para pasar la noche al que navegué con Google Mapas, pero por algún motivo decidió llevarme durante 15 km por offroad, y gracias a ello me vi en medio de un palmeral, con su Kasbah y sus huertos abandonados

Y finalmente llegué al albergue, una antigua casa de adobe restaurada y regentada por dos hermanos, Abdul y Ahmed, y que me han caído muy bien; hasta nos hemos tomado un té juntos

Y ahí estoy escribiendo ahora, al socaire de una terraza cuando en menos que canta un gallo se ha puesto a diluviar; sí, sí, a diluviar. Me dice Abdul que llevaban años sin ver llover, y menos así.
Mañana espero llegar a dónde voy, pero no lo veo nada claro después de hoy.


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