Dicen que Marruecos engancha, y debe ser cierto porque tras mi viaje de diciembre de 2023 (sí, ese que estoy subiendo poco a poco al blog) ya estoy deseando volver. Esta vez me gustaría llegar más al sur pero los días libres son una limitación y los kilómetros que hay que hacer de, digamos, enlace no son pocos.

Aunque no tengo ningún destino claro, quiero empezar a planear con un punto en el horizonte, el Lago Iriki. Solo por autovía y carreteras nacionales estaríamos hablando de 1.100 kilómetros, pero circulando por carreteras de menor nivel y por pistas podrían ser unos 1.500 kilómetros aproximadamente. No digo que quiera llegar a Iriki sino que voy hacia Iriki, y lo más probable es que surjan rutas, opciones y otras posibilidades durante las travesías diarias que conformarán el trazado final.

Continuo dándole vueltas a la ruta: kilómetros, días, hitos. Para ello cuento con mi inseparable mapa de Marruecos, que va siempre junto a mi pasaporte y mi diario de ruta de viajes anteriores.
Tras una semana en la que me he dedicado, sobre todo, a preparar la moto, continúo dándole vueltas a la ruta…….
(20 abril) La ruta ya está decidida. No las etapas exactas sino los hitos. Tampoco tengo una fecha exacta, pero será el fin de semana que viene. Y la salida no sé si la haré desde Tarifa o desde Algeciras, ambos puertos tienen sus ventajas e inconvenientes.

(25 abril) Se acerca el fin de semana, y con él las ganas de salir de viaje. Como nos pasa a todos los que disfrutamos la moto desde el mismo planeamiento de una salida, ya empiezo a sentir ese gusanillo en el cuerpo, mezcla de nerviosismo, deseo de salir ya y, por qué no decirlo, una pizca de preocupación por lo que pasará. No importa lo bien o mal que planee mis salidas, la sensación básica suele ser siempre la misma. ¿Estoy listo para esto?


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