¡Como resistirse a un clásico internacional! Cuando vivía en el sur de Italia se me apareció la oportunidad de escaparme a los Alpes para, entre otros, hacer el mítico Stelvio. La verdad es que fue una paliza de viaje pero como die el refrán «sarna con gusto no pica! Cogí mi GSA, eché lo imprescindible en las maletas y allá me fui, con la ilusión de la primera vez. ¿No es así como comienzan todos los viajes en moto?

Soy de parar poco y rodar mucho, quizás por eso en encantaba esta GSA. Sus 33 litros de depósito me permitía rodar sin parar con escasa preocupación por dónde podría estar la siguiente gasolinera.

A ver, tampoco todo es rodar sin parar que también me gusta conocer las genets y los lugares de los sitios por lo que paso.

Y así, tras muchos puertos, arriba y abajo, acabé llegando al Stelvio.

El paisaje es espectacular, la subida es una pasada, el asfalto es bueno, pero las «tornanti» se hacen un poco pesadas. Aún así, vale la pena visitarlo, por supuesto

Y ya de vuelta a rumbo sur, parando de vez en cuando para relajarse, tomar el sol y dar se un baño en los múltiples sitios disponibles

Eso sí, la temperatura del agua está un poco más baja que nuestro Mar Menor



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