Hace unos días salí a dar un paseo con mi mentor en el HOG, un motero que peina canas y que ya montaba en moto a principios de los 70. Me invitó a una salida con solo 3 motos más, algo íntimo, y nos fuimos a comer a Borrego Springs, el pueblo en el desierto de California del que ya he hablado en alguna ocasión.
Quedamos a las 09.15 en una gasolinera, en este caso una Chevron, a media hora de mi casa, así que a eso de las 08.15 salí hacia allá. Sí, temprano, pero el silencio y escasez de tráfico de las primeras horas del día son una de las cosas que más me gusta de salir en moto, sobre todo en una mañana despejada con una temperatura agradablemente fresca.
Llegué el primero, reposté la moto y me pedí un café para llevar que me tomé en el exterior mientras pensaba en lo que me depararía la jornada.
Al poco de empezar a sorber mi café, llegó una Road King que parecía que viniese de la guerra, con el motor completamente cubierto de aceite ya quemado y mezclado con el polvo de muchas carreteras. Era un M8 (Milwaukee Eight) de 107 ci (pulgadas cúbicas), el mismo motor que tiene la mía. Al verme su dueño, me preguntó si mi moto perdía aceite por la válvula de mariposa de admisión de aire, y le dije que no, y él me dijo que la suya había empezado a rezumar hacía unas mil millas. Me permití sugerirle si no estaría ocurriendo eso por un nivel excesivo de aceite en motor, pero me dijo que no, que ya lo había comprobado.
También me di cuenta de que llevaba un neumático trasero de coche, completamente cuadrado, y le pregunté por qué lo hacía y me dijo que por duración y precio, ya que le sacaba más de 50.000 kilómetros por menos de 100 dólares. Le pregunté, obstinado, si no le costaba tomar las curvas, y volvió a responderme que no, que tan solo había necesitado un proceso de adaptación para aprender a vencer la “arista”, pero que nada más. Nos deseamos buen día y el tipo se marchó. Estuve tentado a decirle que su rueda delantera era ya lisa, pero no me atreví, ya que a veces no podemos mantener nuestras motos por motivos que no nos incumben a los demás.
Minutos más tarde, empezaron a llegar los miembros de mi grupo, y uno de ellos venía montado en esta preciosidad:

La moto es espectacular, nada menos que una Electra Glide de 1974, que él mismo compró en ese año y ha estado mimando y montando desde entonces.
Es una moto de museo que hoy valdría una barbaridad, pero él pagó exactamente 3.000 dólares, impuestos aparte. Hay tantas curiosidades en ella que sería imposible detallar en este post, pero os cuento las que más me llamaron la atención:

Es una moto con cadena, y no correa, y además lleva O-rings, por lo que es más fácil de mantener y más limpia. Harley no empezó a montar correas en el modelo touring Electra Glide hasta mediados de los ochenta. En la foto de arriba buscaba que se viese la cadena pero, ¿qué me decís de esa pinza de freno trasero de acero?
Otra cosa a tener en cuenta es que es una moto carburada, sin inyección, en la que no solo hay un tirador para el aire del carburador (choke) que se puede ver sobre el depósito de gasolina, sino que también tiene un tirador en el lado derecho del motor para variar el encendido para el arranque, en caso necesario. ¡Y la moto iba redonda!, rodamos por la autovía a unos 120 y se la veía estupenda, aunque llendo detrás de ella, como iba yo, olía mucho a gasolina.
Su dueño ha ido teniendo otras motos a la vez que esta, por lo que la Electra solo acumula unas 30.000 millas. Y también acumula historias, su dueño, muchas historias sobre cómo se rodaba en los 70, 80 y 90 con personajes muy conocidos de California, tanto de Hollywood como de la política, por ejemplo Peter Fonda, Arnold Schwarzenegger, y otros más.
Así que la comida fue un interesantísimo repaso a la forma de rodar en moto por este Estado desde que empezaron a aparecer con fuerza las motos después de la II Guerra Mundial.
Una salida muy entrañable e inolvidable, sin duda.


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